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Obra Social La Caja de Canarias |
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Una tinerfeña que profesa la religión islámica es agredida por racistas |
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Una mujer de 29 años, nacida en La Laguna en el seno de una familia de canarios, que abrazó la fe del islam cuando tenía 16 años, sufrió el pasado viernes 24 de noviembre una brutal agresión en la calle, a plena luz del día y delante de su hijo de cuatro años al que había ido a recoger al colegio, por parte de cuatro vecinos del barrio de La Salud que la han amenazado y vejado desde marzo pasado. Un verdadero infierno es el que vive desde hace ocho meses esta joven tinerfeña -a la que llamaremos Zoraya porque tiene miedo a ser reconocida-. Lo viene soportando desde marzo cuando varios jóvenes, menores de edad, la emprendieron contra ella. La han insultado, vejado y amenazado día tras día hasta que el pasado viernes 24 de noviembre la violencia verbal se convirtió en un brutal ataque físico que, en presencia de su hijo de cuatro años al que había ido a buscar al colegio a las dos de la tarde, le ha provocado lesiones en diferentes partes del cuerpo y secuelas psicológicas. Según el informe médico forense, "la paciente sufre hematomas y equimosis en la cabeza, región frontal derecha y frontolateral derecha; en ambas órbitas oculares, ocasionados con unas llaves; tumefacción nasal y fisura; erosión lineal en cuello, producida con un cinturón; eritema en hombros; hematomas en rodillas y glúteos, y pérdida de cabello". La agresión se produjo en una calle del barrio de La Salud, a la vista de vecinos que, "asomados a las ventanas de sus viviendas" nada hicieron por socorrerla, "ni siquiera llamar a la Policía". Los viandantes cruzaban de acera, sin dejar de mirar la violenta escena pero sin intervenir para separar a las cuatro personas que pegaban a la mujer. "Nadie llamó a la Policía o al 1-1-2", salvo la propia víctima cuando sus atacantes desistieron de golpearla ante el único peatón que se acercó y se enfrentó a los agresores para que dejaran en paz a Zoraya. La ignorancia y la sinrazón han provocado que esta mujer sufra un auténtico calvario desde marzo. Al parecer, la causa de ello es que profesa la religión islámica, y aunque diera igual el lugar en el que hubiera nacido, o su religión o raza, lo cierto es que Zoraya nació en La Laguna, se crió, educó y creció en esta Isla. Pero para los presuntos agresores, ya identificados (una chica de 14 años, su novio, la propia madre de la menor y otra mujer de avanzada edad) el hecho de que Zoraya cubra su cabeza con un hijab (pañuelo), ha sido suficiente para dedicarle, entre otros, insultos como "mora de mierda, sin papeles", "hanmahanma", "piojosa, vete al desierto", "terrorista, Bin Laden", o "ladrona, que vienes robar el trabajo a los canarios". Lo que quizás no sepan sus agresores es que el marido de Zoraya es empresario, tiene comercios y da trabajo a canarios. Los agresores viven apenas unas calles más arriba de la casa de esta mujer. "Para evitar encontrarme a estas personas, al ir al supermercado, por ejemplo, doy toda la vuelta a la urbanización". Pero, y a pesar de hacer esto, "a veces ha sucedido que me los he topado, y por no querer jaleo agacho la cabeza y sigo andando. De los primeros insultos, mantenidos a lo largo de estos ocho meses, el grupito de menores pasó "a tirarme latas de bebidas y a lanzarme escupitajos". La chica es la que incita al grupo: "Mira, ya viene la mora, vamos a rajarla, les dice".
Primera agresión El primer episodio grave sufrido por Zoraya ocurrió en mayo cuando su marido "bajó con nuestro hijo al parque que está detrás de casa. Yo me asomé al balcón para mirar al niño" y, por desgracia "esta chica estaba también en el parque, justo debajo de mi balcón y le oí comentar a sus amigos: mira donde vive ésta. Empezó a gesticular obscenidades que no me atrevo a repetir", asegura. "No les hice mayor caso, entré y continué haciendo cosas que tenía pendientes en la casa, pero como vi que mi marido y el niño tardaban en subir, volví a asomarme. El parque estaba lleno de gente, era por la tarde. Fue entonces cuando esta chica cogió la cabeza del que creo que es su novio y dejó que se metiera debajo de la falda, entonces y haciendo gestos con la lengua, me dijo que bajara, que si quería participar". Hasta ese momento, Zoraya no había cruzado aún una sola palabra con este grupo. Pero ese día se agotó su paciencia y bajó de su casa para preguntarles: "¿Porqué me están haciendo esto?" y recibió como respuesta que "yo soy canaria y tú no tienes por qué estar aquí". "Mi marido me vio y me dijo que subiera. Él se quedó abajo para recriminarles su actitud". Esa misma tarde, Zoraya bajó al supermercado y entonces "a mi lado una mujer, que luego supe que era la madre de la chica, dijo en voz baja pero lo suficientemente alto como para escucharla: Mora de mierda. Le pregunté que qué era lo que había dicho. Sin mediar palabra se me aferró al brazo y empezó a chillar, a insultar. Me dijo: Te arranco el turbante y de una patada te mando al desierto. Luego, agarró el hijab y me lo quitó dejándome las marcas de las uñas en la frente". Un policía, franco de servicio, se interpuso entre ambas mujeres. Este agente "me ayudó y se quedó conmigo hasta que mi marido llegó. Ella aún seguía con los insultos y él le dijo que yo no era mora, como decía, sino española". La misma noche del altercado en el supermercado, "serían las once, empezaron a aporrear la puerta de casa, la de aquí arriba. A través de la mirilla pude ver que en el pasillo estaba la chica con su madre y un hombre, al que no pude ver pero lo oía hablar. Gritaban, insultaban. Mi marido no estaba en casa y mi hijo y yo estábamos muy asustados, tanto que no podía encontrar el móvil para pedir ayuda". De todo esto fueron testigos los vecinos. "A la mañana siguiente vi que nuestro buzón de correo estaba roto", recuerda. Desde ese día Zoraya se encuentra en manos de psicólogos, con medicación. Apenas concilia el sueño y se pasa el día llorando. Zoraya ha puesto dos denuncias por estos hechos pero, según manifiesta su abogado, Francisco Tray, el juicio por la primera agresión "quedó suspendido a finales de octubre a la espera de aportar diligencias porque la denuncia estaba en un juzgado y otros informes fueron recogidos en otro".
Denunciados y a la espera de juicio
Las agresiones sufridas por esta mujer fueron denunciadas en su momento, tal y como consta en las diligencias 2.150/06 y 4.428/06 en los juzgados de instrucción de Santa Cruz de Tenerife. Con la primera denuncia (por la agresión ocurrida en mayo) y los correspondientes partes médicos adjuntados se está a la espera de que se reanude el juicio, por faltas, que quedó suspendido a finales del mes de octubre. Con la segunda denuncia (por los hechos ocurridos en noviembre), se aportarán los informes médicos, se intentará localizar al testigo que puso en fuga a los agresores -y al que "los policías que acudieron al lugar de los hechos sólo le tomaron el nombre, a pesar de que esta persona se ofreció a entregar su DNI", señala el abogado, quien espera que "con las pruebas aportadas estos hechos sean calificados como delitos y no faltas". |
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